25 de September de 2018 Rogério Minhano

¡Vamos Brasil! La copa del mundo y el gol en las metas de ocupación

Después de cinco años administrando hostel y participando, de cierta forma, de la conducción de otros, puedo decir que pasé por una temporada interesante en mi vida de emprendedor. En ese momento en que sólo se habla y piensa en fútbol, ​​siempre recuerdo que hace cuatro años vivimos el clímax de la bonanza, de las fiestas y de la experiencia colectiva en nuestro querido Café Hostel. La Vila Madalena vivía momentos épicos de hacinamiento y nosotros, en la misma ola, comenzamos la copa sin experiencia alguna y terminamos listos, después de una ultramaratón de 80 kilómetros llenos de check-ins, check-outs, caipirinhas e historias extrañas para contar.

Con el fin de la copa también vino el fin de la bonanza. Los precios que estaban en las alturas casi golpearon al suelo. El post copa abrió para los dueños de hostel brasileños la temporada de la salve quien pueda y esa pasó a ser nuestra meta principal: sobrevivir.

Mucho se discutió en aquel momento, hubo reuniones, cada propietario tenía una opinión diferente sobre cómo enfrentar el problema. La única cosa dada como cierta era que los hostels tendrían que cerrar porque la ciudad no tenía suficiente demanda para alimentar toda la disponibilidad creada para la copa. Al final, fue más o menos así: varios cerrados, algunos sobrevivieron, entre ellos el Café Hostel. La estrategia que utilizamos fue mirar hacia el futuro confiando en nuestro público.

Siempre fue nuestro sueño tener la casa llena de viajeros. Mochileros incluso, backpackers con los cabellos llenos de nudo, personas de espíritu libre que, de paso, dedican parte de la vida a observar cómo otros pueblos viven. Allí estaba nuestro futuro y allá apuntamos nuestras estrategias comerciales, nuestros servicios y la manera de funcionar de nuestra casa. Nuestro mantra era ‘casa llena, viajeros felices’. Con el tiempo nuestro hostel se estaba cada vez más ‘nuestro’ y cada vez más conectado con los viajeros. Dejamos de aceptar mensualistas, limitamos a los huéspedes locales, creamos maneras de ahorrar aquí, ganar allí y fuimos viviendo el día a día. Felices en la batalla.

Son dos los motivos principales por los que juzgo nuestra estrategia ganadora. Primero, luchamos contra aquel ambiente de velorio que aparece cuando el hostel está vacío. Creamos una meta de ocupación semanal, aunque nos obligara a girar en el perjuicio. A primera vista, eso es contra intuitivo porque se llena la casa a precios bajos y al final el financiero no se cierra. Pero aumentar su base de clientes también es una forma de crecer. En aquel momento era más importante para nosotros tener la casa llena que tener personas siendo pagadas para no hacer nada. Segundo, una ocupación mayor garantía para nosotros un flujo constante de nuevos viajeros. La boca a boca es la mayor arma para un hostel de backpackers. Los mochileros tienen una característica interesante: todos ellos usan Internet, pero durante el viaje tienden a aceptar mucho más una recomendación de otro viajero que los comentarios y perfiles perfectos en las OTA.

En su hostel, se concentre en su público. Entiende lo que necesita para tener una experiencia inolvidable en tu ciudad. Su público habla más sobre su hostel que usted. Sobre la estrategia: la mejor siempre será la que te hace seguir evolucionando. Perder el tiempo que se queja es siempre la peor opción.

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