25 de September de 2018 Rogério Minhano

Ser voluntario es desarrollo personal y vivir en comunidad

En enero de 2011 cumplí tres meses de viaje. Ya había pasado por algunos países, conocido mucha cosa nueva y mi inglés ya había evolucionado bastante. Finalmente ya conseguía sentarme y conversar con las personas a mi alrededor sin quedarme avergonzado de mí mismo. Yo ya había estudiado inglés por dos años y leía bien. Pero la conversación en la vida real, con personas y acentos reales, no tiene nada que ver con un curso. Nuestro cerebro toma un tiempo para descifrar la manera de hablar de las personas y crear un nuevo patrón de entendimiento. Viajar es genial en ese sentido. La habitación del hostel es siempre una miríada de acentos y jerga que me hizo ir del nivel básico al avanzado en 90 días.

En esa fase del viaje ya estaba cansado de cambiar de cama, dormitorio y cocina con tanta frecuencia. Quería parar un poco, conocer mejor los lugares y, si es posible, entender mejor la cabeza de los locales. Tener la experiencia de la manera de ellos era lo más importante en aquel momento. Durante una pista en Hawai conocí a una japonesa que, mientras yo hacía malabarismos para conseguir mantenerme en el presupuesto, ella trabajaba en una granja cosechando frutas en la mañana y por la tarde hacía senderos y conocía las islas hawaianas. El esquema era más o menos así: había una organización llamada WWOOF. Ella se inscribía para tener acceso a las propiedades, elegía las que más le gustaban y entraba en contacto por e-mail. Pasados ​​algunos días, la gente respondía y ella elegía la mejor opción. Fantástico! En aquel día volví al hostel, creé mi cuenta, y empecé a disparar correos electrónicos. WWOOF es una plataforma para voluntariarse en haciendas orgánicas, cosas ligadas a la sostenibilidad y afines. Los voluntarios se llaman wwoofers y eso era lo que pretendía ser.

Mi próximo destino era Australia y una de las personas que abrieron las puertas para mí fue un australiano que vivía en la Gold Coast, estaba construyendo una casa en el campo y necesitaba mano de obra. Su nombre era “Des”. Era una situación muy interesante porque él mismo estaba construyendo. No tenía contratista, albañil, fontanero, nada de eso. Él lo estudió todo, compró el terreno en un bosque y comenzó a construir. En ese momento la casa ya estaba lista y el siguiente paso era hacer el balcón con un deck de madera. En el e-mail él dijo que había encontrado madera recuperada de un ferrocarril y el trabajo sería cortar, lijar, montar el deck y barnizar. Yo acepté la propuesta y él me pidió urgencia. Otros dos voluntarios aceptaron y seríamos un equipo de 4 personas por un mes. Pasados ​​tres días estaba allí. La habitación era simple y la casa estaba en construcción. El hombre ya tenía unos 60 años y estaba solo. Esperamos un día más y ninguno de los otros voluntarios ha llegado. Él me dijo que estaba acostumbrado a los agujeros y que empezaríamos a trabajar al día siguiente. Me encantó, me gusta la gente así, que mete las caras y no tiene mal tiempo.

Este mes que pasé en el interior de Australia fue muy importante para mi desarrollo personal. No había internet, todo estaba lejos. Nosotros íbamos a la aldea más cercana solamente los viernes porque tenía un mercado, una biblioteca que prestaba libros y un cinemita local que los viejos se reunían para tomar té y ver películas antiguas. Nosotros compramos víveres para la semana, compraba unas cervezas (él no bebía) y al día siguiente estábamos de vuelta al trabajo. Fue todo el mes construyendo esa cubierta.

Después que aprendí el camino fui voluntario en varios lugares. Clínicas de rehabilitación, Ashram y una ciudad sostenible llamada Auroville. Si usted quiere incluso conocer un lugar, vaya allí y pase un tiempo trabajando con la gente. La profundidad de la experiencia es otra. Es en el trabajo que están nuestros valores principales y es en busca de ese conocimiento que se debe ser voluntario.

Cuando abrimos el Café Hostel, empezamos de cara un programa de voluntariado. Yo vi lo que pasó conmigo a los demás. Vi a las personas a florecer, a nacer de nuevo. Es increíble como una experiencia, por corta que sea, puede cambiar la vida de la gente. Hemos tenido muchos voluntarios y muy pocas malas experiencias. Muchos de ellos son nuestros amigos hasta hoy. Tener voluntarios no tiene nada que ver con no pagar impuestos. En algunos lugares esto puede ser ilegal, pero nunca inmoral. Ser voluntario es abrirse al mundo ya partir de eso descubrir caminos alternativos para su futuro.

Hq es el único sistema que le permite administrar también sus voluntarios. Como ya he dicho en otros artículos, el hqbeds se ocupa de todos los aspectos de su propiedad.

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